Química Cheminova

Moscú confinada. Foto por roman manukyan en Unsplash

Por Ignacio de Mágina

25 de mayo. En los años ochenta se hizo popular la Química Cheminova, unos juegos infantiles pensados para que los niños comprendieran mejor los procesos de química a base de pequeños experimentos en tubos de ensayo. Pues bien, no descartéis que su firma comercial pudiera haber preparado un nuevo lanzamiento durante la pasada semana y, finalmente, logrado su nueva promoción el jueves 21 con motivo de la sesión parlamentaria del Congreso de los Diputados.

El asunto era la votación sobre la prórroga del Estado de alarma. Sin embargo, lo que finalmente se produjo fue una situación que ya ha sido calificada de modos diversos: error incomprensible, cálculo equivocado, barullo, enredo, embrollo, tacticismo,… La razón, como sabéis, fue la firma de un acuerdo entre el gobierno de coalición y Euskal Erria Bildu para llevar a cabo la reforma “integral” de la reforma laboral de 2012, aplicada por el “gobierno largo” de Mariano Rajoy. Se buscaba con ello reunir unos votos suficientes, en este caso en forma de cinco abstenciones del grupo abertzale, ante la previsible falta de apoyos a la propuesta del Gobierno. Finalmente, tras la votación en la Cámara, se vio que esas abstenciones no eran realmente imprescindibles. Su resultado final fue una combinación explosiva propia de los juegos infantiles Cheminova. Las proporciones de azufre fueron excesivas y la reacción en cadena condujo a la explosión de petardeo propia de las fórmulas mal planteadas. Esto representaría una muesca más en la credibilidad de un Gobierno débil. Debilidad gubernamental desde el punto de vista de los humores y apoyos parlamentarios, pero también por su propia composición y ante el actual contexto pandémico.

Inmediatamente, algunos salieron a los balcones mediáticos cacerola en mano. Pero también la procesión del espino o de la zarza gritó enfáticamente “transubstanciación”, apeló al acto sacrificial, transformar el pan y el vino en el cuerpo de alguien. Al morigerado periodismo se lo lleva el diablo, las cuidadas formas de bien criado se descomponen, la ansiedad del fin de la coalición se viene arrastrando desde buen principio.

El resultado final permite, por lo menos aparentemente, ver un grupo que sale derrotado y otro reforzado. El foco se centra en los portavoces parlamentarios, Adriana Lastra y Pablo Echenique, dos en uno. Aunque algunas críticas persisten en apuntar más alto, al presidente Sánchez, por si con un poco de suerte el golpe alcanzara a Pablo Iglesias en plena cara. Así, entre el grupo de damnificados se distingue el busto del presidente y la mecha blanca en su pelo, un tono que había ido adquiriendo cierta consistencia durante estos meses pero que se ha oscurecido en una proporción inversa a como se blanqueaban las canas de Felipe González cuando debía dar cuenta de decisiones supuestamente trascendentes. En el caso de Iglesias, la barba estudiantil muestra los efectos de la deflagración. Aunque no se prevén lesiones de gravedad en ninguno de los retratados.

Entre el grupo de reforzados intramuros del Gobierno aparece la figura bruselense de la ministra de Economía Nadia Calviño, cuyo comunicado ministerial vía chat aparentaba parar un golpe a no se sabe bien qué, con cara seria de responsabilidad, gafas de pasta y un exceso de sobreactuación apareció en los medios para conseguir rectificar el primer punto del acuerdo parlamentario y ocupar gran espacio en la prensa salmón. Sobreactuación hubo también en las declaraciones cristalinas de Iglesias del día siguiente. Hiperactuación en la pista mediática, ávida de noticias de la crónica de salones o lo ecos de sociedad. Mucha información y poca comunicación. Calviño, la voz doctoral en el patio del colegio. Teatralización de un desacuerdo, previo error propio sostenido en los temblores del cuerpo cuando ataca la descomposición.

Extramuros los beneficiarios son muchos y por variadas razones. Los abertzales de EH Bildu han sacado rédito en el corto plazo y de cara a la precampaña de las elecciones vascas previstas en julio. Los abertzales del PNV lo han sacado a medio plazo y no sabemos si también a largo en el terreno de la negociación de su apoyo al Gobierno que en su día ayudó a investir y, tal vez, el terreno electoral. ERC respira tras evaluar que la ocurrencia afortunada y el tono clerical republicano de Rufián para votar no a la prórroga del Estado de alarma serán una nota a pie de página en el Diario de Sesiones. Baldoví, no se sabe si tiene el síndrome del quemado parlamentario, de existir este síndrome, y también vota en contra. La derecha silente en el camino de en medio recoge los frutos del reciente cambio de estrategia arrimadiense y, por supuesto, su voto es de apoyo a la propuesta del Gobierno. Las derechas vociferantes recogen de la moqueta parlamentaria municiones para aprovisionarse, pero Casado, y no sólo él, no debería olvidar, según leo en las instrucciones del viejo juego de Cheminova que conservo en casa, que “semejante disuelve a semejante”; es decir, que en Química un compuesto orgánico se disuelve en disolventes orgánicos y un inorgánico en inorgánicos, y en la política pasa igual.

Después de la escandalera, unos ganan y otros pierden. No se da el equilibrio del juego cooperativo entre las fuerzas que hicieron posible la investidura de Sánchez. Fuera tacticismo parlamentario, barullo o cálculo equivocado el resultado final ha sido un error sin adjetivos. El Gobierno tiene responsabilidad objetiva en dañar un diálogo social que, desde el punto de vista político, representa en estos momentos un preciado balón de oxígeno.

Este delicado terreno del diálogo social es donde podría tener mayores efectos el “experimento Cheminova”. Os comenté semanas atrás que, desde mi punto de vista, este espacio de potencial concertación tenía ya, pero sobre todo iba a tener, un papel crucial en la búsqueda de soluciones y una salida a la crisis social y económica en curso; incluso podría ayudar a despejar la atmósfera política. El papel relevante de sindicatos y patronal se estaba constituyendo en un elemento de equilibrio para reducir el frenético carrusel parlamentario. Tanto los responsables del Ministerio de Trabajo como el de Seguridad Social parecen los únicos convencidos de este asunto dentro del Gobierno, los que con mayor nitidez lo expresan. Ahora el asunto se ha complicado.

A la CEOE, que llegó arrastrando los pies y con las manos por delante a determinados acuerdos dentro del llamado diálogo social, también ha sobreactuado. La tentación ha sido mayúscula. Tomar la iniciativa en cualquier negociación permite influir mucho en dibujar el campo y la reglas de juego. Se lo ofrecieron en bandeja de plata. Por eso ahora, es aconsejable sugerir que después de darle la mano, uno se cuente bien los dedos.

El sindicalismo confederal podría ser el otro gran damnificado del enredo parlamentario, por cuanto lo han situado en un terreno delicado y hasta cierto punto absurdo: una imposible crítica a la propuesta del desmontaje “integral” de la reforma laboral del PP que los sindicatos han venido defendiendo desde el mismo día de la aprobación de aquella reforma y de la anterior reforma socialista. Su respuesta, conviene recordarlo, fueron dos huelgas generales. Los sindicatos van a tener que encontrar un perfil propio y diferenciado, subrayar su carácter autónomo e independiente, para dar salida a un embrollo del que no son responsables y hacerlo sin carga de sobreactuación. Demasiada carga, han metido ya otros. Les toca el papel de expertos en química social, conocedores de las emulsiones laborales necesarias en un momento tan crítico como el que atravesamos.

Los acuerdos o coaliciones entre semejantes son enormemente complicados como antes decía, a veces los mejores resultados se dan entre complementarios y no entre antagónicos. Aunque algunos reconocidos intelectuales hablen de la ineluctable necesidad de la Concertación Social de cara a las ayudas europeas como a la política económica doméstica, nada está pre-dado. Se sabe por la experiencia larga, pero también por la más próxima, que Diálogo Social y Concertación no son equivalentes. No todo diálogo conduce a concertar, y disculpad por una precisión tan evidente, innecesaria para el mundo sindical. Aunque en la situación en que estamos, ese diálogo y concertación social serían no sólo deseables sino muy oportunos. Al final, a la negociación, sea política o de otro tipo, parecen gustarle más las emulsiones que las disoluciones, aseguraba un químico que dedicó largos años de su vida a la política.

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