Cuando el Parlamento provoca confusión

Foto por Gabe Pierce on Unsplash

Por Bizco Pardal

Primer tranco

25 de mayo. Entiendo que la reflexión de Ignacio de Mágina tiene, entre otras muchas virtudes, que se apoya en los códigos de la profesión: Mágina es un reputado bioquímico almeriense. No pocas cosas de las que dice –y, más aún, sugiere–  las comparto de pitón a rabo. Por lo que, gracias a él, se acorta felizmente esta meditación por escrito.

En mi opinión el «barullo, enredo, embrollo» del que habla Mágina se complica, todavía más, si admitimos que los acuerdos de los grupos parlamentarios PSOE, Unidas Podemos y Bildu, que tanto follín están provocando puede ser leído desde otras gafas: a) la relación entre autonomía de las partes y actividad parlamentaria; y b) entre agenda social y propuestas legislativas. Soy de este parecer: en esta ocasión esas (siempre) no fáciles relaciones han sido francamente muy defectuosas. Más adelante recuperaré esta cuestión.

Segundo tranco

Me permito dar unos aparentes rodeos para ponernos a tono. Las organizaciones sindicales y las empresariales (llamadas en lenguaje pijo, agentes sociales) tienen plena autonomía para negociar los asuntos que estimen conveniente. Una autonomía que es, simultáneamente, independencia de sindicatos y organizaciones empresariales entre sí y de ambos con relación a los partidos políticos. En jerga contractual es conocida como la «autonomía entre las partes». En el caso español existe una ´curiosidad´ de gran relieve: los acuerdos de esas políticas de concertación son «fuentes de Derecho». De ahí que, como ha señalado en repetidas ocasiones Antonio Baylos, el Enviado de Karl Korsch en la Tierra, los agentes sociales son también «legisladores implícitos». Recordemos, pues: fuente de derecho y, por ello, legisladores implícitos.

De manera que, así las cosas, aunque por encima de cualquier otra consideración (autonomía de las partes e independencia del poder legislativo) lo aconsejable es que lo uno y lo otro vayan aproximadamente a la par. O, por lo menos, con las menos interferencias posibles. Como decía aquel viejo cura de olla: «Que llueva, sí. Pero que llueva parejo».  Así en Izavieja como en Valdepeñas.

Tercer tranco

Los grupos parlamentarios tienen –no nos cansaremos de repetirlo–  plena autonomía para el ejercicio de su función. Por lo tanto, dígase con claridad: también para acordar lo que hicieron los diputados del PSOE, Unidas Podemos y Bildu. Ahora bien, el ejercicio de su autonomía comporta las consecuencias de lo que han pactado. Y, en esta ocasión, han sido muy negativas. Una de ellas, además, tuvo un especial impacto en los trabajos de las negociaciones de la llamada agenda social, esto es, el proceso contractual de los sindicatos, las organizaciones empresariales y el Gobierno. Tras el acuerdo parlamentario que estipulaba la derogación de la reforma laboral –posteriormente matizado, además— la CEOE se retiraba, sine die, de las negociaciones. Está claro que, tal como han sucedido las cosas, la autonomía de los grupos parlamentarios ha comportado, en esta ocasión, una carga negativa a la autonomía de las partes. Al tiempo que deja un rescoldo desconfianza entre los agentes sociales y el Gobierno que tienen pendiente un largo proceso de negociaciones.  Que deberían desarrollarse fuera de lo que el profesor Javier Aristu califica de «vértigo en política»:  https://encampoabierto.com/2020/05/22/confinamiento-31-vertigo/.  

Más todavía, el clima de confusión que se ha generado ha debilitado al Gobierno, cosa que en absoluto conviene, no solo a la situación política sino al proceso contractual de la agenda social. 

Cuarto tranco

No quiero dejar pasar la ocasión sin abordar, aunque sea someramente, de un problema que me pone de los nervios y que, en el pacto parlamentario que comentamos, se ha puesto una vez más de manifiesto. Los contenidos del pacto que nada tienen que ver con el asunto de que se trata. Somos ya muy mayorcitos para escandalizarnos de ese trueque parlamentario. Pero, a pesar de ello, no deja de indignarme. Se está discutiendo de un tema tan importante como la salud y una de sus formas de prevenir la pandemia a través del estado de alerta. Pues bien, dentro de ese trueque para concitar los votos que se necesitan para aprobar la prórroga está el paquete de la derogación de la reforma laboral. Que para mayor pronto se supo que tales votos no se necesitaban. ¿Qué tiene que ver la prórroga del estado de alerta con la derogación de la reforma laboral? Dispensen la contundencia: eso se llama degradación de las formas parlamentarias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s