La bandera de Gadsden o la libertad de los gansos

Foto Olmo Calvo, Eldiario.es

Por Ignacio de Mágina

Tanteo y retracto en la comunicación política de la derecha española.
Sus terminales trabajan incansables hasta la medianoche desde el
cuartel de la Comunidad de Madrid. Copian, recortan y pegan. A toda
marcha, entre humo y alcohol, se consolida la franquicia. El
americanismo, como a principios de siglo XX, es un espejo en el que
mirarse. Seis noches seguidas organizando una “revolución de las
cacerolas” -según el titular de la prensa hiperbólica- en el centro de
Madriz, Madriz, Madriz…, como si fuera Caracas, pero en realidad la
capital española se ha convertido hoy en la lengua y la iglesia matriz
de la batalla.

En el campo de batalla la bandera es bifronte. De un lado, la española
con el torito de Osborne y de otro la amarilla de Gadsden, aquel
estandarte diseñado por Christopher Gadsden en 1775 y asociada al
movimiento libertario estadounidense, en plena guerra de la
independencia de las colonias contra la corona británica. De allí
surgió un pensamiento político definido como “libertario” basado en
una defensa de la libertad individual que sólo puede asegurase a
través del derecho de la propiedad privada y de la economía de
mercado. Es el “liberalismo libertario”. Es decir, que más allá de la
exaltación de la libertad y el rechazo de la dominación colonial, nada
tiene que ver con aquello otro que defendieran los movimientos
libertarios varios de larga tradición europea. Una tradición cuya
influencia se extendió de manera global el siglo XIX y que -como
expuso magistralmente Benedict Anderson a través de figuras como la
del novelista José Rizal y el folklorista Isabelo de los Reyes-
estrecharon los lazos entre el internacionalismo anarquista y el
anticolonialismo radical (B. Anderson, Bajo tres banderas. Anarquismo
e imaginación anticolonial, 2014). Nada que ver con la matriz de
noches blancas de la batalla en curso que hoy se da en la capital de
España.

Convocados por peperos y voxistas, hacer el ganso un rato en la calle
y volver a casa se viene convirtiendo en una rutina. Estamos en una
dictadura, la dictadura progre de Sánchez, es el lema. Cánticos:
Libertad, libertad… Coreografía de bates de béisbol, gorras
deportivas con lemas antichavistas, emulador del Cojo Manteca buscando
apagar las farolas a bastonazos, señora con abrigo de pieles, empleado
de portería disfrazado de manifestante… Retrato de grupo rojo y
gualda. Barullo… El Circo de don Pepito.  Retransmisión rápida para
las noticias. Intervención policial para la disolución de la protesta.
Basta con una hora de cánticos y de demostración de estar unidos
(terreno privilegiado, por otro lado, para estudios sobre la
seroprevalencia del virus). Humores libertarianos vestidos de riguroso
negro. Fiesta primaveral de derechas ocupando la calle Núñez de
Balboa, en el corazón de Madrid, en el barrio de Salamanca. Cencerrada
al gobierno de coalición organizada por sexta noche consecutiva. El
hábito no hace al monje, pero el creyente se hace de rutinas. Nuevo
apotegma inscrito con letras de neón en el callejero: la rutina
congrega, el lema tranquiliza.

Avezados observadores de las argucias de la política española
concluyen que la existencia de una derecha “muy libertaria” forma
parte de los espejismos creados de los lenguajes contundentes de la
política española. El argumento, los gobiernos derechistas del PP
fueron intervencionistas: Ley Mordaza en 2015 e intervención económica
de las finanzas autonómicas. Es una manera de verlo, pero no es la
única. Es equivocar el neoliberalismo, en su forma de libertarianismo
de derechas, con no intervención. Hacerlo es no entender, por muy
ducho que se esté en las interioridades de la olla a presión
madrileña, que la defensa del fin de la regulación por el
neoliberalismo consiste en una nueva re-regulación. Nuevas normas
contra viejas normas. En el caso español es “Cambio del cambio”, que
permite una colonización del Estado por parte del “mercado”, desde
dentro y desde fuera. Desde dentro, a los jueces me remito; desde
fuera, a la corrupción organizada, juzgada y sentenciada. La fiesta
Libertariana de derechas ya existe, le falta la masa donde poner el
fermento. La masa de agravio, cansancio y temor hoy es grande, pero ya
cuenta con una levadura. Libertad contra la dictadura progre. Relato y
narrador que lo cuenta. El elefante en la habitación ensaya la música
nueva con la trompeta, todavía desafina porque está aprendiendo. Como
el catolicismo militante durante la Segunda República española, nuevos
y antiguos creyentes se congregan en la calle y utilizan formas y
símbolos propios de la izquierda contra esa misma izquierda. Una vez
que los sacas a la calle y la ocupan, vamos a ver cómo los devuelves a
sus casas. Antiguas apelaciones a los suflés olvidan que los platos no
eran tan ligeros como pensábamos.

Sí, es posible que sean las trampas de la política. Venimos de ellas
y, por momentos, a ellas volvemos. Es la política de la astucia. La
aportación española a la cultura política no pasó por la revolución
sino por la genuina forma de la guerrilla. En la cocina de la derecha
española las verduras se cincelan, se emplea la técnica culiniaria del
corte en juliana. El libertarianismo de derechas viene abriendo la
mano desde hace tiempo. La marcha de los libertarianos blancos amenaza
los muros rojos de Invernalia. Se acerca el invierno…

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