Paralexias parlamentarias

Foto de 🇨🇭 Claudio Schwarz | @purzlbaum on Unsplash

Por Ignacio de Mágina

6 de mayo. En mi carta anterior os decía que lo que recorre este país es el
fantasma de un síndrome, el de la resistencia a aceptar los cambios.
Esta semana este problema se expresa a través de lo que califico una
variante de la paralexia, ese transtorno que afecta a la capacidad de
lectura en que las palabras y las sílabas se transponen sin sentido.
En estos casos son habituales síntomas como las omisiones,
sustituciones, distorsiones, inversiones o adicciones…, entramos en
el campo de la psicología y el funcionamiento de nuestro cerebro. Una
de las variantes diagnosticadas es la paralexia visual, en este caso
se confunden palabras parecidas en su escritura, por ejemplo “maleta”
por “maceta”. Cuando desgraciadamente este problema es una de las
grandes plagas que afectan a millones de personas de todas las edades,
no quisiera que nadie considerara una frivolidad utilizar el término
para hablar de la actual situación política. Pero os hablo de este
asunto porque la política partidista, en medio de la actual tormenta
vírica, adopta extrañas formas paraléxicas. Podríamos hablar de las
paralexias parlamentarias.

En el debate sobre el estado de alarma previsto para mañana, el
edificio de la Carrera de San Jerónimo se transformará en un centro de
estudio y experimentación de estas nuevas patologías. No es el Virus,
pero le hace la competencia. No es un virus porque no muta, pero se
contagia. Es un proceso bacteriano altamente infeccioso que a lo largo
del confinamiento, y día tras día, se está propagando en el Congreso
de los Diputados y difundiéndose a través de las mentiras en masa de
algunos medios de desinformación. Las redes tóxicas e intoxicadas.
La modalidad de este síndrome con la que identifico la situación del
debate político parlamentario es, a su vez, una variante de la
paralexia semántica, propia de la dislexia profunda, en la que un
individuo en lugar de leer la palabra escrita, produce una palabra
diferente pero con un significado relacionado con la original, por
ejemplo, ante la palabra escrita “hija” es probable que el paciente
diga “hermana”. Sin embargo, en la paralexia parlamentaria no es
improbable que ante la palabra “hermana” se diga “marrana”. Ante la
palabra escrita “alarma” no es descartable que algunos políticos digan
“sirena” y ante la palabra “Estado” vean o digan “cortijo”. A día de
hoy este síndrome en la política española parece ya de difícil
tratamiento. Su extensión es veloz y alarmante.

Con la amenaza de votar un no a la prórroga del estado de alarma, las
derechas libertarias de este país están defiendiendo la libertad de
morir, de morir fuera del Estado de alarma que se ha prolongado
durante más de 50 días y que el Gobierno se propone prorrogar. Es una
extraña libertad para morir la que defienden aquellos mismos que no
contemplan una muerte digna. Hoy se verá de nuevo al Niño Gazmoño ante
los micrófonos (“Que sí, que sí…, que no cuente conmigo…, que
ahora se van a enterar…”). Espectáculo bochornoso de un mal imitador
de aquel Crostobalito Gazmoño de los años sesenta intepretado por el
ya desaparecido Tony Leblanc, un niño repelente y revoltoso que
interpretaba el genial humorista con cara de panoli y un eterno aro en
la mano. Un heroe de época o un estúpido con un aro en la mano y el
micrófono en la otra, eso es lo que vamos a ver si no cambian mucho
las cosas y no tengo el pálpito de que cambien (¿qué pensaran los tan
auxiliados “poderes fácticos” de este país? ¿Este Cristobalito es
ahora su representante en la tierra?). Aunque vienen potentes señales
desde la Finis Terrae hacia el centro.

Suena el tantan selvático en una cámara de diputados raquítica en
número, donde algunos  diputados se colocan mascarillas y guantes,
cuando en realidad esos mismos diputados son los que infectan el
hemiciclo con humedades cargadas de las bacterias del odio. Trumpismo
importado como fenómeno global, trumpismo financiado para la hoguera
de las vanidades.
La derecha silente lee “sirena” en lugar de “alarma”, pero desde el
susurro espera y anota. Prudencia hasta que termine su centrifugado
ideológico y extienda la ropa. Sí, pero no… No, pero sí…
Prudencia, cautela sociniana para obtener un valor superior a su
legítima en la herencia. Esta derecha disfrazada de centro lee
“cautela” en lugar de “cautiva”, y se aleja del ruido y la confusión
todo lo que puede o le dejan sus socios.

La derecha catalana que está como ausente pero no calla, tenía el voto
decidido ya antes del estado de alarma. Constante y consecuente, sigue
remando sin saber del todo quien maneja la barca y repitiendo en toda
su letra la profundidad del turu turai de la flamenca sevillana
Remedios Amaya (“Tu labios para mi, turu turai/ Tus labios para mí,
turu turai/Tus labios para mí, turu turai, ay…; esta es toda su
letra).

Pero la pregunta es: ¿qué hace la izquierda republicana catalana en
medio de esa barahúnda? ¿qué hace votando con las derechas españolas y
la derecha catalana? ¡Pero si hasta Bildu ha anunciado que mantiene su
abstención! Dicen los republicanos que se ha reunido seriamente la
dirección de un partido para tomar esta decisión seria. Dicen que no
pueden aguantar más el centralismo jacobino. Dicen que se ven
obligados, entre la espada y la pared, a romper lazos y acuerdos.
Otros dicen que el chat de conversaciones en grupo quedó inundado por
los hidroalcoholes repartidos durante el conciliábulo en su lavado de
manos colectivo. ¿Esta es la vía a la independencia que proponen? ¿Esta
es la forma que conciben lo que algunos han bautizado, confusamente,
como “republicanismo postnacional”? Que se hunda todo. Cuanto peor,
mejor como argumentario político. Alerta de reunión y misa negra en la
costa belga de Brujas. Con esto se demuestra que tenía ayer razón el
amigo Deglané (por cierto, Roberto, te debo un cortado) cuando dudaba
sobre la seriedad de los republicanos catalanes, reunidos, según
dicen, muy seriamente. Después de esto, tendré que comerme algún
comentario sobre la prudencia y juicio de ERC, todo pinta que los
republicanos no dejarán de ser un apéndice del mutante convergente.
Viva la muerte, abajo el Gobierno. Viva la muerte, viva la
independencia. La piedra lanzada al pozo no devuelve el sonido. Pero
“alarma” no es “pito”, ni “Estado” es “pitorreo”. No quiero que me
salven de un “Estado de alarma” que ha sido un instrumento útil contra
la evolución de la pandemia. Para los libertarios de derechas o de
izquierdas, siempre les quedará la pulsión de terminar con el Estado y
sustituirlo por el Mercado o bien montar su propio mercadillo estatal.

El estado de alarma es un instrumento nunca un fin en sí mismo. Pues
claro. Los peligros existen, pero hoy me parece que hay pocas opciones
frente a la pandemia. Los tártaros, aunque exista un convencimiento
general en nuestra sociedad, no son bárbaros. La constitución no crea
a las personas, sino que son las personas las que crean la
constitución.

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