Inconsistencia

Foto de Maxim Tolchinskiy on Unsplash

6 de mayo. Cada día que pasa no merma mi asombro, por decirlo de manera modesta, ante la actitud y comportamiento de una buena parte del establishment político español frente a la crisis en curso. Se ha reforzado una visión aldeana, pueblerina acerca del carácter y la dimensión del actual momento. Como si la pandemia respondiera a los ritmos de la política interior se plantea, por parte de una serie de partidos y territorios autónomos, una respuesta a la propuesta de prolongación del estado de alarma igual que si se tratara de una oferta gubernamental cotidiana. Es profundamente decepcionante observar cómo el principal partido de la oposición trata, no al gobierno o al presidente del mismo, sino al futuro de la salud de los españoles. Cuando Casado dice que «no hace falta ya el estado de alarma para la desescalada» es como si dijera que hemos vuelto, por arte de magia, a la normalidad, a la rutina de cada día, a los mismos gestos y actos de antes de la pandemia. Para Casado y para el PP la pandemia “c’est finie”. ¿Cómo podríamos denominar a esta actitud? ¿Irresponsable? ¿Inconsciente? Me ahorro el calificativo pero sí digo que esto demuestra la visión a corto plazo, la estrecha perspectiva con que el PP está enfocando este inmenso problema que está afectando a todos los países del mundo. Enfoque de tercera división.

Como igualmente demuestra ERC una visión capitidisminuida y jibarizada de la política española, que en este caso ya no es ni siquiera política «del Estado español» sino que cuando menos es de la Unión europea. Un simple repaso superficial, elemental, por los medios del mundo occidental nos muestran la inmensidad y amplitud de esta pandemia que ha penetrado de la misma manera y con los mismos efectos –muerte, desempleo, marginación, parálisis económica, etc.– en todas las sociedades, sean del país que sean. Impedir la prolongación del estado de alarma recurriendo a la excusa de una pretendida «recentralización» de los poderes públicos es un acto de inmensa hipocresía y oportunismo. Cualquiera que conozca mínimamente cómo se desarrolla la situación política en Cataluña desde hace al menos cinco años sabe de la actitud errática, voluble, inconsecuente del partido ERC. Nunca sabes de qué pie va a cojear, siempre es un enigma saber por dónde va a salir el o la portavoz del partido que preside Oriol Junqueras. Esquerra es el misterio, y con ese culto al misterio ha elaborado una densa metafísica de la política que se parece más a la teología medieval que a las lecturas de Max Weber. Siempre recuerdo con asombro cuando Junqueras y otros dirigentes decían hace años –y seguramente lo repetirán ahora– que ERC no era un partido nacionalista sino que era una formación independentista, que no es lo mismo. Es como la disputa del alma y el cuerpo, ese entretenimiento intelectual tan querido en los siglos medievales.

Pues bien, ahora el amigo Rufián tendrá que justificar hoy por la mañana su voto NO a la prolongación del estado de alarma. Y para ello tendrá que decirnos cómo se puede coordinar y hacer cumplir desde un mando político todo el enorme dispositivo necesario para que los ciudadanos no salgamos de nuestras casas, no nos reunamos en muchedumbres, no vayamos juntos a los mismos espectáculos y procuremos no mezclarnos unos con otros. Se ve demasiado que los amigos de ERC están viendo el lobo detrás de las fieras de JxSI, y no quieren ser menos que ellos ante un electorado catalán que dentro de pocos meses tendrá que decidir en urnas. El patio casero de Sant Jaume está ocultando a los dirigentes de ERC el inmenso territorio devastado por la pandemia. Miran tanto hacia el patio dels Tarongers de Sant Jaume que no se dan cuenta de lo que está pasando en la calle.

La gran diferencia entre unos partidos y otros no suelen ser las grandes declaraciones y a veces ni siquiera la letra de los programas. La diferencia entre un partido históricamente necesario y otro que es simple adorno o que no juega papel definitivo en la historia es su actuación en los momentos que podríamos llamar «decisivos». Es en esas coyunturas cuando se ve de qué pasta están hechos los partidos. Y creo que esta vez algunos están demostrando de qué están fabricados.

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