Vista a la derecha

Foto de Chromatograph en Unsplash

Por Robert Deglané

2 de mayo. Hablemos de la derecha, tal y como proponen Mágina y Pardal en sus cuidadas y detalladas escrituras sobre este conjunto peculiar español. ¿Derecha o derechas? Primera cuestión que nos conviene a todos dilucidar: ¿hablamos de una derecha o nos referimos a la existencia de varias derechas? ¿Una y trina, como nos indicó aquel Ripalda? Los procesos políticos que han venido desarrollándose en los últimos cortos años, los de la era Rajoy que va de 2011 a 2018, muestran que dentro de ese mundo se ha producido una división, al menos electoral, no sabemos todavía si artificial, de programa o de proyecto. El dato más importante que aportó el año 2019 fue el de la partición de la representatividad del electorado derechista. Es interesante recordar cómo ha evolucionado el electorado de aquel partido que llegó a tener 10 millones de votos y un 45 por ciento de los votos.

Hay dos claras etapas en el desarrollo electoral del PP, etapas que coinciden en cierta forma con la evolución de la economía española. En los “años dorados” para los inversores y especuladores de las finanzas –que no para los trabajadores–, los años que van desde 1996 a la crisis de 2008, el PP aparece como el partido que representa esos intereses, y en buena medida también a capas sociales medias y de pequeña extracción social que pensaban que aquella “burbuja” les beneficiaba igualmente a ellos. Bien gobernando una parte de ese ciclo (gobiernos Aznar de 1996 a 2004) bien en la oposición la otra tras los atentados de Atocha de 2004, el PP mantuvo durante ese ciclo un electorado estable de en torno a 10 millones de votos. Un momento de plenitud fue en 2011 cuando, tras la errática respuesta económica de Rodríguez Zapatero ante la crisis financiera, consiguió Rajoy la mayoría absoluta.

La segunda etapa es inmediata. Solo cuatro años después, en las elecciones de 2015, el PP pierde 3,3 millones de sus votantes que se fueron a Ciudadanos. Este es el momento en el que situamos la ruptura de ese bloque unitario que había estado en la base del proyecto de Fraga Iribarne y que Aznar había hecho realidad durante su jefatura. La crisis sobrevenida a la financiera de 2008, la crisis social que afectó a todo el país y la corrupción gigantesca en el interior de ese partido causaron la mayor parte de esa sangría. A partir de ese año nos hallábamos ya ante un fenómeno nuevo: el surgimiento por el centro de una nueva formación, Ciudadanos, que presumía de modernidad, innovación y ruptura de los marcos tradicionales de la política conservadora. La batalla estuvo servida desde entonces para ver quién se llevaba el gato al agua de la hegemonía dentro de la derecha sociológica española.

Sin embargo, la velocidad con la que evoluciona este cuerpo político derechista que afecta a esos diez millones de españoles es extraordinaria: cuatro años después, en 2019, en la primera convocatoria, se fractura de nuevo electoralmente y da como resultado la tríada que conocemos y que todavía se mantiene. Lo que había sido un bloque orgánico perfecto en torno a un partido y un único líder, el PP, en 2019 ya daba un reparto 4/4/2, es decir 4 millones votaron al PP, 4 millones lo hicieron a Ciudadanos y 2 millones lo hicieron a una fuerza que hasta entonces no existía en el mapa electoral español, Vox. ¿Cómo se podía haber producido en el corto espacio de cuatro años esta fragmentación de la derecha española? ¿Dónde estaban sus causas? Buena pregunta, amigos míos. Un tema para otro debate.

Y ahora, tras la segunda convocatoria electoral de noviembre de 2019, nos encontramos con la tesitura de este bloque articulado ahora en torno a PP y Vox, con la posible escapada de Ciudadanos que, tras su derrota, teme verse absorbido por ambas centrifugadoras. Aparcado este enigma, el de Ciudadanos, que no sabemos en qué se convertirá en el próximo futuro, la pregunta pertinente es: ¿quién va a ganar esta pelea por la hegemonía dentro del bloque de las derechas? ¿Saldrá adelante una versión neo-autoritaria, una versión mezcla de estilos lepenistas, aznarista y trumpista con el que creen que haría posible un triunfo electoral futuro? ¿Alguien en el universo de la derecha española puede pensar que la línea que siguen Casado-Abascal solo les lleva a la ingobernabilidad o la marginalidad? Ahora bien, creo que el proyecto aquel de Fraga-Aznar está cerrado y clausurado. El PP ya no será el catalizador de las demandas de la sociedad conservadora española. Dudo que Vox pueda alcanzar ese estatuto pero sí es evidente que puede surgir un engendro entre ambos. Me refiero a que de todo este maremágnum disruptivo que está provocando Pablo Casado y el PP en torno a la pandemia va a salir a la futura formación de otro modelo político de la derecha, seguramente más autoritario, menos dialogante y más en la línea de los partidos iliberales. Y, como siempre ha pasado, supondrá el fracaso de una derecha liberal y democrática, que no sabemos si existe realmente, o si alguna vez ha tenido opcion o papel importante a lo largo del siglo XX.

Yo, sinceramente, no tengo respuestas a todas esas preguntas. Hoy nos embargan más los interrogantes y los enigmas ante una situación de crisis tan profunda como la que comenzamos a atravesar. Tengo mis reservas de que la economía española, es decir, los que influyen en los consejos de administración de las empresas decisivas y más globalizadas, apuesten por soluciones de tipo autoritario, de vuelta a formatos de pensamiento duro, con retrocesos democráticos. Mi esperanza es que la derecha española no ha podido hasta ahora superar los 11 millones de votos, es decir que lo tiene difícil para atraerse a sectores de la sociedad que hoy le son reacios. Ahora bien, esta crisis puede abrir espitas sociales incalculables. Una tormenta espectacular como la que viene puede provocar situaciones difícilmente previsibles en estos momentos.

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