“Espíritus animales” frente a la incertidumbre

Foto por Tedward Quinn on Unsplash

Por Ignacio de Mágina

25 de abril. Estamos al inicio, no al final. Algó así declaraba públicamente esta
semana Angela Merkel. Una advertencia que no debería caer en saco
roto. Estamos al inicio de algo desconocido que nos conducirá a un
final a estas alturas totalmente impredecible. La incógnita permanece
tanto desde el punto de vista de la evolución de la pandemia como
desde el punto de vista económico y social.

“Normalidad” de lo conocido o “nueva normalidad” de lo desconocido.
Catástrofismo o bien optimismo desbordante. Continuidad del viejo
orden o irrupción de un orden nuevo. Estas parecen ser, a grandes
rasgos, las posiciones de los análisis que se difunden y circulan en
los medios de comunicación y los ámbitos especializados. Nada extraño
y coincidente al mismo tiempo con las percepciones e ideas que pueden
existir entre la ciudadanía. En definitiva, la incognita permanece y
estaríamos al inicio, no al final. Estamos en tiempos de incertidumbre
y en una “sociedad del riesgo”, como nos advertía el amigo Bizco
Pardal en una de sus cartas haciendo referencia a la obra del
desparecido sociólogo alemán Ulrik Beck.

Conforme vamos atravesando el túnel el aire está más viciado. El
canario de la mina nos advierte de la posibilidad de una próxima
explosión en medio de este tiempo que se nos aparece, como afirmaba
esta semana la canciller alemana, como el inicio y no el final. Sin
embargo, me atrevería a decir, y no sé si vosotros estaréis de
acuerdo, que no se trataría de una hecatombe final, como se imaginó el
escenario apocalíptico de la guerra nuclear, sino de pequeñas pero
devastadoras explosiones a lo largo de un recorrido marcado por la
incertidumbre.

El cuerpo de la economía está sacudido por espasmos y calambres que no
auguran nada bueno, el parte es de pronóstico reservado. Esa sombra
sin nombre que son los mercados se contorsiona día tras día. Los
territorios que ha colonizado, su razón de ser y de crecer, no se van a
abandonar. La práctica  y el arte de la depredación tienen su lógica,
sus ruinas y sus rutinas.

El mundo de la política se mueve con los ritmos lentos de la política,
de la negociación y el debate, la modificación de posiciones y la
defensa de intereses de parte, los cálculos electorales y el temor
ante el margen cedido al adversario. De la afasia inicial, la política
ha pasado a la verborrea, convertida en una máquina de aparentes
neologismos que, a los pocos pasos, muestran un cierto anacronismo en
la mayor parte de las ocasiones (Plan Marshall, Pactos de la Moncloa,
New Deal, refundación del capitalismo, etc.). La política de lo
posible hoy es una víctima fácil, desguarecida en medio de un bioma
parecido a la sabana, de escasa cobertura para defenderse. Enfrente
tiene una alta contaminación formada por esas particulares gotas de
Flügge, pequeñas secrecciones de saliva y moco expulsadas por el
discurso político de la antipolítica.

Las sociedad entró en pánico hace más de un mes. Durante este tiempo
se han combinado la reclusión y “disciplinamiento social”, el
aprendizaje y el conocimiento de una forma de vida que ha llegado sin
aviso previo, el coraje y el valor para los más directamente expuestos
al virus, el dolor y las expresiones de combatividad colectiva, el
aislamiento y la vulnerabilidad para una parte importante de nuestra
ciudadanía…, la subsistencia y la solidaridad, las esperanzas y la
desilusión… Nuestros estados de ánimo han sido invitados a una
montaña rusa para cuyo viaje no habíamos hecho programación ni reserva
algunas.

“La paciencia es una virtud revolucionaria”, sostuvo el líder
insurgente vietnamita que fue Ho Chí Mingh, protagonista de la guerra
larga primero al imperialismo francés y después frente al Gigante
norteamericano. Pero como el adagio popular nos recuerda: “la
paciencia tiene un límite”. ¿En qué parte de ese límite estamos? ¿en
el inicio? Ojalá fuera así. Pero: ¿en qué parte del inicio?

Hoy economía, política y sociedad parecería que son víctimas del
método conocido como el “trimotor”: suspendidas en el aire con los
brazos atrás y las muñecas atadas a una cuerda pasada por una biga de
techo, el torturado es molido a palos.

Tal vez sólo nos quede invocar los “espíritus animales”, pero no estoy
seguro que el optismo espontáneo en  nuestras actividades pueda
sobreponerse “a la expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o
econónica” como sostenía Keynes en su clásico “Teoría general de la
ocupación, el interés y el dinero”.

Disculpad, hoy es sábado.

Sí, es sábado 25 de abril. Festa della Liberazione italiana y la
derrota definitiva del nazifascismo, celebremos pues los 75 años de
aquel acontecimiento que junto al dolor trajo esperanzas, desatando
tal vez la carrera de nuestros espíritus animales.

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