Giro a la derecha

El presidente de la Fundación FAES José María Aznar y el presidente del PP, Pablo Casado, – EFE/Juan Carlos Hidalgo

Por Robert Deglané

24 de abril. Hablar, como ha planteado alguno de mis contertulios tártaros, de «las derechas españolas» no es tarea fácil, aunque parezca el empeño más sencillo del mundo. Pablo Casado es para faena de aliño, se resuelve con dos capotazos, el dirigente del PP no da para más. El otro, Abascal, es más avinagrado, de mirada algo torva, siempre enfadado, con ideas fijas y de otro mundo. Pero ambos son variantes, a veces muy coincidentes a veces diferentes, de ese amplio y extenso río de (pocas) ideas que venimos en llamar «la derecha española» y que arranca básicamente de los años primeros del siglo XX –recogiendo buena parte de la tradición católica, conservadora y autoritaria del siglo XIX– y que se vuelve a reformular con y tras la Guerra civil de 1936, cuando el franquismo como cultura política le suministra los principales avíos para continuar en un escenario democrático. Sin embargo no conviene simplificar: dentro y a veces fuera de la actual representación política derechista –expresada sobre todo a través del PP y de Vox– hay una sociología muy diversa, un complejo conservador que no es homogéneo.

Históricamente, en democracia, el PP fue capaz de absorber en su programa ese amplio abanico de derechas que va desde el más recio catolicismo tradicionalista hasta las posiciones liberales a la manera de Centroeuropa. Aquel PP liderado por Aznar durante los años 90 fue capaz de acoger en su seno a figuras tan distintas como Francisco Álvarez-Cascos o Margarita Mariscal de Gante, estampas que podríamos encuadrar dentro de un postfranquismo sin escrúpulos, o Rafael Arias-Salgado, Josep Piqué o Manuel Pimentel, representantes de una derecha más dialogante o modernizada. Tenía, además, la virtualidad de que su dirección, más o menos fraguista, más o menos liberal o más o menos socialcristiana, eran –la mayoría, todos no– consistentes desde el punto de vista intelectual. Loyola de Palacio sería del Opus y muy conservadora pero no dejaba de ser capaz a la hora de pensar; Isabel Tocino era estirada como una escoba y muy de derechas…pero pensaba por ella misma.

La derecha conservadora española sigue ahí, pero se ha transformado con el paso de los años, de las crisis económicas, de las cárceles, de la globalización y de las elecciones. Esa derecha sociológicamente existente, resistente y consistente tiene hoy una representación política muy debilitada. A Soraya Sáenz de Santamaría, abogada del Estado, con altas capacidades y méritos, la ha venido a sustituir Pablo Casado, de dudoso máster y desconocido pedigrí intelectual. Buena parte del equipo dirigente del que se rodeó Rajoy visitó la cárcel de Soto del Real, lo cual radiografía en buena medida las características y aspiraciones de aquella gente. La derecha española se mueve entre las enseñanzas de Milton Friedman pasadas por el tamiz de universidades privadas de escaso nivel y la corporativa concepción de «el Estado es mío»; es un combinado de franquismo como apropiación de lo público y del liberalismo de lo privado por encima de todo. El historiador Javier Tébar me lo reflejó una vez de forma muy plástica: la derecha española es un bimotor que funciona por dos fuerzas motrices, el ultraliberalismo económico y a la vez el ultranacionalismo patriótico. Son las dos almas de ese PP de la época de Aznar: Rodrigo Rato y Jorge Fernández, por ejemplo, con el propio Aznar como síntesis perfecta de ese mix.

Merece la pena dedicar unas pocas líneas a este Aznar. Ha sido, sin ninguna duda, el líder político de la derecha española en democracia. Más que Fraga Iribarne, Aznar ha sido el líder conservador capaz de construir un proyecto político ganador y, aun perdiendo el poder y el gobierno, ha levantado un laboratorio de ideas que son las que alimentan al partido. La Fundación Faes es el verdadero sujeto orgánico de la derecha española o españolista. Convendría darse un viajecito por esas páginas y documentos para constatar por dónde va el proyecto estratégico del conservadurismo español. Es una mezcla de elementos muy diversos pero con una batidora que trata de integrarlos en un todo orgánico: nacionalismo español exacerbado (y por tanto anti periférico, vasco o catalán), principios de un manipulado “patriotismo constitucional” que significa sencillamente echar de la Constitución del 78 a aquellos que los chicos de Faes consideran “antisistemas” (hablamos de Podemos y otras especies de la izquierda periférica); defensa de una pretendida “civilización occidental” frente a nuevas emergencias de países y culturas no europeas convirtiendo la lucha contra el yihadismo en un antiislamismo a veces muy primario; y, especial y sobremanera, una concepción neoliberal de la vida económica y social que les lleva a primar los principios de libertad en el mercado por encima de cualquier otra cosa.

Creo, en conclusión provisional, que esta derecha sociológica española está pasando por un trance importante en su evolución. De ser la expresión combinada de un neofranquismo sociológico con aportaciones de un liberalismo económico que se aprovechó del estado para enriquecerse (épocas Aznar y primera etapa de Rajoy), ha pasado a una fase transitoria de descomposición política (tres expresiones a través de PP, Ciudadanos y Vox) que ha sido afectada por el intenso proceso de globalización y la crisis financiera de los últimos ocho años. ¿hacia dónde va esta vieja/nueva derecha española y españolista? ¿Cuál es su rumbo? ¿Quién mandará y qué capitanes dirigirán esta navegación? Cada país está enfrentando este reto de forma distinta. En Francia, una buena parte de la vieja derecha social gaullista ha dado paso a un “nuevo centro” en torno a Macron, que huye como de la peste de cualquier etiqueta de derecha. En Italia, al contrario, hace tiempo que la descomposición del vector democristiano generó una derecha simbiótica entre neofascismo y neoliberalismo económico. En España está por ver hacia dónde va el viejo y a la vez desconcertado partido de la derecha nacionalista. La marcha empezó hace poco y seguramente durará un poco más.

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