Estas derechas…

Foto Wikipedia

Por Ignacio de Mágina

abril de 2020. Estas derechas españolas (… y ¿las periféricas…? También) están
mezclando géneros, no distinguen entre la comedia de enredo y el
género de terror. En medio de una crisis sin precedentes continuan con
una modalidad del pádel, el pádel parlamentario. Esta práctica exige
mucho músculo por su intensidad y una mente en blanco siguiendo a la
pelota, en este caso sustituyendo el esférico por la cabeza del
presidente, del vicepresidente, de la vicepresidenta portavoz, del
ministro, de la bedel, del portero, del chófer…, de Harpo y de
Groucho, de El Gordo y el Flaco, de Gila, de Eugenio…, de Juanito
Manostijeras, de Mariana Pineda…, de todo aquello que huela a
“social-comunismo”.

Estas derechas, con mascarilla o sin mascarilla, son incapaces de
desprenderse de la mascarada política. Ante las escalofriantes
informaciones sobre el número de víctimas directas y de contagiados
por la pandemia, deciden tirar las cifras sobre la mesa como quien
tira las cartas del póker sobre el tapete. Ante la bola de cristal y
con guantes blancos adivinan cómo hubiera sido el pasado… Menos
muertos y más patriotas…

Estas derechas tiran la piedra y esconden la mano, no vaya a ser (no
vaya a ser…) que se haga todavía más público que su historial de
fanatismo mercantil y de corruptelas haya hecho más profunda la crisis
sanitaria abierta con la pandemia. Con la fuerza que les da el
descanso desde hace más de un mes, con la fuerza del piloto
automático, contemplan un paisaje amenazante de ruina social y sus
víctimas indirectas y untan la tostada mientras toman el café. Más
patriotas y menos muertos. Todos los muertos son ultrapatriotas…

Estas derechas son como el simio imitador que salta de red en red cada
mañana y manda señales de tam tam para extender el pánico. Contra toda
lógica europea en pos de la unidad política contra una crisis de salud
pública, deciden seguir el guion de los Trump y Bolsonaros del otro
lado del Atlántico.

Estas derechas se graban en sus horas libres para escucharse en las
horas de trabajo. De madrugada y bien temprano abren la puerta al
insulto desde el escaño, a la difamación, el escupitajo, el pataleo y
la degradación parlamentaria.

Estas derechas tiene un sólo programa que es el Antiprograma. El
Antiprograma, desnudo y crudo, del pensamiento antigobierno de
coalición. Abierto el sobre, está vacío, a lo sumo una lista de la
compra que incluya las cremas cosméticas.

Estas derechas desde la fuerza de la irresponsabilidad extienden el
griterío, la tomatina, la cabra desde el campanario, el chivo
expiatorio, la oración fúnebre, la confesión de sus pecados…, para
seguir gritando, preparando el sacrificio futuro.

Estas derechas soplan la zarza ardiente y sacrifican a las naciones
que dicen amar para salvarlas.
Estas derechas prometen un paraíso que saben que no existe.
Estas derechas no presagian nada bueno.
Estas derechas se mueven en la tentación de interpretar el “Número
Uno” de Koestler.
Estas derechas viven del ataque a las izquierdas.
Estas derechas están a la espera, cuando “todo esto pase”, de
representar El cero y el infinito.

La mascarada está servida, con su máscaras y disfraces:

Un tipo que imita a un tío con bigote disfrado con la barba de Rajoy.
Un tipo que imita al caballo de Santiago disfrado de Salvini.
Un tipo que va desnudo y que no se decide entre imitar al Dr. Jekyll o
bien a Mr. Hyde…
Una joven que imitaba al Sr. Lobo pero que ahora duda entre Inés y
Caperucita… Vamos a ver, se dice, prudencia y espera…

Estas derechas suplantan a una derecha decente, necesaria,
comprometida sin cinismo con sus conpatriotas y no sólo con sus
ultrapatriotas, comprometida con la ciudadanía ya sea estando en el
poder o en la oposición. Estas derechas hoy son una lacra para el
país.

Este país necesita otras derechas que susurren a los caballos. Otra
derecha no es imposible.

Digo que no es imposible la existencia de otra derecha porque en el
país vecino las fuerzas conservadoras portuguesas son un ejemplo. Digo
que es posible porque en esta mezcla de géneros, entre serie de enredo
y telefilme de serie B, la única excepción dentro de la familia de las
derechas en España es aquella que se dedica a pescar en el norte,
cultivando los artes abandonados en el nordeste peninsular, mientras
esquiva un peculiar culpa in vigilando. Pero también porque, aunque
Aitor Esteban hace pocos días insistiera en el cortoplacismo exigiendo
unos presupuestos que forman parte de la Edad Antigua, es decir de la
etapa prepandémica, lo que no se puede negar es que los nacionalistas
vascos tiene un proyecto, en su vertiente industrial y tecnológica, en
el fortalecimiento de la cohesión social, etc… Y digo esto,  se
comparta o no ese proyecto.

Este país necesita menos toros de Osborne y más derechas que susurren
a los caballos. Otra derecha no es imposible.

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