Profecías y propósitos de enmienda

Foto de dylan nolte en Unsplash

Por Bizco Pardal

Planta baja

17 de abril. A finales del siglo XIX las calles de Nueva York –una ciudad que ya contaba con algunos millones de habitantes–  tenía un problema que las autoridades no sabían cómo solucionar: los centenares de miles de cagajones que los caballos de los coches de punto soltaban a diario. Aquello se convirtió en un problema de orden público, especialmente sanitario. El alcalde no tuvo más remedio que tomar cartas en el asunto: convocatoria de reuniones de especialistas, comisiones ad hoc, urbanistas y demás cofradías académicas. Un dineral se gastó el alcalde en dietas y otros emolumentos. Nadie, empero, supo que a muchas leguas de la ciudad de los rascacielos el joven Henry Ford (que ha pasado a la historia como Hery Ford I) estaba trajinando entre chatarra y tablas de logaritmos con la idea de construir un auto que marchara por sí mismo. El automóvil. Lo logró.

Y, gradualmente, fueron desapareciendo las montañas de cagajones y, por supuesto, los coches de punto. Con lo que el viejo oficio de los cocheros fue mutatis mutandi desapareciendo de la ciudad de los rascacielos. Y como todo se pega en este mundo la cosa se extendió de tal manera que tales cambios llegaron incluso a los Montes Orientales.

Entresuelo

Lo que hemos visto en la planta baja nos debería prevenir a la hora de establecer pronósticos arriesgados sobre cómo serán las cosas cuando «esto» pase. Precisamente estos días estoy viendo que hay como una competición de profetas y especialistas en prognosis en buena parte de los medios nacionales y extranjeros. Cosa chocante porque nadie atina a decir cuatro cosas sobre de qué manera va a evolucionar la madre del cordero, vale decir, el bicho. En forma de U, dicen los especialistas de mostrador; como una V, responden los expertos a la violeta; tal como una W, se arriesgan los menos entusiastas. No importa, las cosas vendrán como vengan, según podría afirmar los diplomados en tautología. Así está el panorama, pero el fabricante de agüeros –buenos, malos o regulares–  sigue dándole al colodrillo: el trabajo será así o asá; la actividad será esta o la otra; y el empleo será de como diga Anás o Caifás. Al final, si no sale, los profetas disimularán; y, si aciertan, el yoyalodijismo será lo más referido.

Principal

Me impongo moderación a la hora de establecer vaticinios. Las grandes mutaciones, las que han provocado profundas discontinuidades, han tenido como origen –más o menos inmediato, más o menos indirecto–  el desarrollo de las fuerzas productivas. Una vieja formulación, «fuerzas productivas», de aquel caballero que familiarmente era conocido como El Moro. Nadie hasta la presente ha dejado de usarla. La utilizan los académicos de postín, los estudiantes de primero de Económicas y los albañiles de Izavieja. Pues bien, lo que quiero decir, con toda la precaución y casi tartamudeando, es que esta crisis por sí sola no podría producir más cambios en la tipología del trabajo y los empleos que aquellos que siguen vigentes. Cuestión diferente sería que, aprovechando que el Genil pasa cerca de Fuente Vaqueros, se pusieran una serie de medidas de mayor flexibilización que, aunque con intención provisional, por unas u otras razones se quedaran enquistadas.

 Primera planta

Todavía recuerdo la precipitación de Sarkozy, cuando –al inicio de la crisis de 2008–  manifestó que «era necesario refundar el capitalismo». ¿Una boutade? Vaya usted a saber. Pero aquello duró lo que duró, un tiempo de Planck. Hasta aquel pintoresco presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, que acabó en la cangrí, asustado por el 2008 dijo que «había que poner el contador a cero», sin que nunca nos aclarara el sentido de esa frase.  Es como si hubiera una reminiscencia del propósito de enmienda del que hablaba el viejo catecismo Ripalda, pasado por el túrmix del viejo Lutero: «crede fortius pecare fortiter». Puedes pecar a todo meter, pero hay que creer. Pues bien, como esa máxima está en perpetuo movimiento, tras el propósito de enmienda, se volverá a las andadas. O, lo que es lo mismo, es puro voluntarismo pensar que cuando «esto» acabe habrá una rectificación de todas aquellas lacras que siempre condujeron a unas u otras crisis.

Por lo demás, no quisiera irme demasiado de la lengua. Es más, en estos momentos me he impuesto una severa militancia de no fatalismo. Como he almacenado a lo largo de toda mi vida arrobas de optimismo, me saco de mis mantecas una buena dosis de él. Pero –me anticipo un tantico a las cosas-el propósito de enmienda será una realidad si la izquierda tiene la suficiente capacidad de intimidación democrática para que las cosas vayan cambiando gradualmente, gradualmente, gradualmente … 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s