Aquí, Radio Macuto

Foto de Nghia Nguyen en Unsplash

Por Bizco Pardal

13 de abril. En tiempos antiguos las reuniones de ´célula´  eran larguísimas: un colillero repleto de celtas cortos y una botella de Tres Cepas daban testimonio de que las horas no obedecían al reloj de Lucho Gatica. Una orden se repetía en todas y cada una de las reuniones: «¡Camaradas, no repitáis lo que ya se ha dicho!». Naturalmente era lo único que no se obedecía del secretario, del secretario general, del secretario general de la célula. Así éramos en aquellos tiempos. Por supuesto, un servidor nunca respetó la orden de no repetir. Una intervención breve –por ejemplo de veinte minutos–  tenía poco prestigio. Sin embargo, ahora que mi militancia en El desierto de los tártaros  permite todo tipo de plagios y repeticiones me prohíbo, sólo en este escritillo, repetir lo ya dicho.

Repetir teniendo frente a dos jóvenes tártaros –Deglané y de Mágina–  te expones a practicar un estúpido adulterio. Plagiar, peor todavía, pues ya dejó dicho Buffon que «sólo está permitido si va acompañado de asesinato». Que fue lo que aparentemente hizo Rossini con el Barbero de Sevilla de Giovanni Paisiello. En el de Rossini hay una afamada aria –La Calunnia— que  explica el carácter de los bulos en tiempos del músico glotón. El bulo todavía antiguo, que todavía no es un «bulo digital» como ha escrito Robert Deglané.

Primer rellano.— Hubo toda clase de bulos: desde el elegante y con pretensiones de gran historia hasta el garrulo de campanario. Que ellos se pueden subdividir en diversas especies es cosa de la pejiguería del entomólogo. Hablemos en primer lugar del «bulo elegante». Que, por lo general, tiene una intención clara: explicar un acontecimiento de una manera que nada tenga que ver con lo sucedido y, de paso, construir una leyenda. Por supuesto, el autor de ese bulo está subvencionado bien con especies bien con distinciones diversas. El autor del bulo es un paniaguado de algún señor, institución o cofradía. Era por lo tanto un asalariado de lo que posteriormente fue Radio Macuto, que fue una emisora imaginaria que se creó en el frente durante la guerra civil española: «Radio Macuto, mil paridas por minuto».

Merece la pena traer a colación el bulo de Florinda, la hija del conde don Julián, que en el romancero castellano es nombrada como la Cava.  El caso es que Rodrigo, el último de los reyes godos, llegó a la dama. Habla el romancero: «Florinda perdió su flor, / el rey padeció el castigo; / ella dice que hubo fuerza, y él que gusto consentido. / Si dicen quién de los dos / la mayor culpa ha tenido, digan los hombres: la Cava, / y las mujeres: / Rodrigo».  De donde sacamos la conclusión que en este bulo elegante hay un conflicto que hoy llamaríamos ´de género´.  Este es el primer acto del bulo.

El segundo acto es cuando don Julián pide explicaciones a Rodrigo, que se hace el sueco. Don Julián le responde a su rey de una manera tan rotunda y bella como en pocas ocasiones se haya dado en la literatura: «Con la sangre de mi honra / no se tiña el honor vuestro, / mirad que el eclipse de sangre / en reyes es de mal agüero».  Nunca se ha escrito en ningún alegato anti monárquico tan rotunda expresión: el eclipse de sangre es de mal agüero.  Total, que don Julián en venganza deja entrar a los moros que desembarcan en Tarifa y le dan una buena zurra al lujurioso monarca en la batalla del rio Guadalete. En resumidas cuentas, si los moros entraron en España a cuerpo gentil era necesario inventar los hechos y, a través de un bulo, crear una leyenda que salvara la cara a los cristianos. Ni siquiera el padre Mariana, jesuita, desmintió a Radio Macuto. Y si la mancha de la mora con otra verde se quita, al macutazo de los amoríos de Rodrigo y la Cava como génesis de una derrota sucedió el de Covadonga que inició la victoria a través de la Reconquista. Radio Macuto, mil paridas por minuto. 

En resumidas cuentas, el bulo es el cuñao de la noticia. Tanto da que sea bulo de estilo antiguo como aquellos de naturaleza digital.

Segundo rellano.— La gran novedad de estos tiempos es que el bulo –ya digital–  tiene un efecto instantáneo mundial. Se pone en circulación y, en el mismo tiempo de Planck o cronón que es la fracción de tiempo más diminuta, se enteran en Izavieja, Malmoe, Samarkanda, Manila, Chicago y Buenos Aires. Más corto que «lo instantáneo». Los efectos desestabilizadores ya no se refieren a una comarca o nación, sino a todo el planeta. Así las cosas, el bulo se convierte en el «enemigo íntimo de la democracia», siguiendo el título de una obra de Tzvetan Todorov. Es un bulo creado y distribuido por empresas ad hoc con fines políticos o comerciales o ambos simultáneamente. Es esa ´ máquina de fango´  de la que habla Ignacio de Mágina en su escrito. Lo que supimos –una ínfima parte–  de las oscuras actividades del comisario Villarejo es solo la espuma. Nada que ver con los propaladores de bulos analógicos que actuaban, todo lo más, como prolongación de las sacristías. El bulo digital empieza a ser un negocio de grandes firmas y de departamentos de la gran industria especializados a tal efecto.

Tercer rellano.—  Lo que me parece chocante es la pereza que nos entra a las gentes de izquierdas cuando, amparando el derecho a la libertad de expresión, somos incapaces de afrontar de qué manera la democracia –esto es, la libertad de expresión–  se defiende de sus «enemigos íntimos». Damos continuamente vueltas a la noria por miedo a caer en planteamientos de censura, y –no resolviendo nada–  no salimos de callejón sin salida. Ya no se trata –lo hemos dicho–  de Radio Macuto, que en cierta medida era algo inocuo, una emisora de onda corta que no pasaba del campanario.

No me acusen de no plantear una salida. También en los diálogos de Platón todo acaba en el terreno aporético, y –hasta donde yo me sé–  nadie le ha dicho que no salía del atasco. Por cierto, si Platón hubiera tratado el tema que hablamos hoy los tártaros, ahora  estaríamos en mejores condiciones. Motivos tenía para reflexionar sobre el particular: a la bella Aspasia, la esposa de Pericles, le dedicaron sus paisanos miles de bulos. Por dos motivos: porque era una mujer inteligentísima y para erosionar a Pericles. 

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