¿Recetas? No tengo

Foto de Manny Fortin en Unsplash

Por Robert Deglané

10 de abril. Esta crisis del coronavirus está sacando a flote un nudo de cuestiones diversas que tienen que ver, básicamente, con la vida de la gente, con el bienestar general al que todo ser humano tiene derecho; para empezar el derecho a la vida y la salud. El virus no solo ha hecho saltar las alarmas respecto de la estabilidad o coherencia de un modelo de globalización que venía imponiéndose como dominante desde hace al menos veinte años sino que nos obliga a reflexionar sobre las relaciones entre dos instituciones que vienen funcionando desde bastante más tiempo. Me refiero a las relaciones entre Estado y mercado y sus efectos sobre la sociedad. El virus también ha obligado a entrar en el núcleo de este problema. ¿Más Estado o más mercado a la hora de hablar de la vida?

A partir del mes de febrero, el debate dejó de ser académico y propio de discusiones de políticos para convertirse en cuestión diaria de la vida de la gente: ¿a quién se reclama la salud? ¿a dónde va el ciudadano cuando siente síntomas de la enfermedad? ¿quién va a recibir la reclamación por el cierre temporal de la empresa? ¿quién va a cubrir el crédito sin interés que recibirá el autónomo para sobrevivir en esta crisis? ¿quién desinfecta las residencias de ancianos? ¿quién compra los respiradores en China? Y seguro que podríamos añadir cien preguntas más. La pandemia ha resucitado al Estado, al servicio público, le ha dado una importancia que la vida “antes de” no le daba. Hoy nuestro rescatador es el Estado.

Por el contrario, el mercado ha mostrado sus limitaciones como instrumento de solución de pandemias o de crisis sociales globales como la que estamos sufriendo. Las mascarillas las fabrica el mercado pero hay problemas de suministro; los medicamentos los hace el mercado pero estamos ante la ineficacia de que no existe medicamento; la bolsa de Wall Street es el puro mercado pero la ciudad en la que se asienta, Nueva York, está sometida a una cuarentena que afecta a sus agentes e intermediarios… y cien ejemplos más. El mercado tiene sus límites, y bien claros nos lo está diciendo COVID-19.

La senadora Elizabeth Warren, que aspiraba a la nominación demócrata para las elecciones americanas del próximo invierno, escribía ayer en el New York Times: «Es famosa la frase de Ronald Reagan de que las nueve palabras más aterradoras en el idioma inglés eran: “Soy del gobierno y yo estoy aquí para ayudar”. En esta epidemia, hemos visto que entre las palabras más terribles del idioma inglés están estas: “Estamos en crisis y el gobierno no tiene un plan para sacarnos de ella”».  . El huracán Katryna en 2005, ocasionando una destrucción impresionante en la costa de Florida y  especialmente en Nueva Orleans, mostró las dificultades, incapacidades y limitaciones de una administración “mercantilista” o de signo privatizador como la de George W. Bush. Hoy estamos ante una administración Trump igualmente incapaz o peor. La senadora Warren escribió esa cita pensando en el Gobierno federal americano…pero también se podría referir en alguna medida a la Unión europea. Hasta ahora, las palabras «estado», «gobierno» se leían por parte de algunos sectores económicos y sociales como el diablo, como la negación de la riqueza de las naciones. Hoy tendrán que empezar a modificar sus apreciaciones porque si algo está demostrando esta crisis sanitaria, y lo está señalando ya la naciente recesión, es que el mercado no nos sacará de la misma. Los bonos se llaman precisamente «bonos del estado» por algo.

¿Estoy hablando de una nueva estatalización de la economía? En absoluto. No creo que la solución venga a través de medidas de tipo monopolista de estado. Por otra parte, ¿qué se puede y que no se puede nacionalizar hoy día en una economía globalizada? Se puede ampliar, profundizar y perfeccionar un servicio público fundamental como es la sanidad pero no sé cómo un Estado como el español podría “nacionalizar” empresas cuyo capital ya es global, es decir, difuminado y expandido por diversos centros financieros mundiales.

Es asunto peliagudo este de las nacionalizaciones o privatizaciones. Aznar –y antes González– pusieron en manos del capital privado lo que antes eran empresas y negocios propiedad del estado, siguiendo esa línea mercantilista que arrancó desde las crisis económicas sucesivas desde 1973, la hegemonía del paradigma privatizador y la pérdida de valor de los referentes socializadores. ¿Debe venir la solución mediante la renacionalización de esas empresas hoy globales? Reconozco que alguien más inteligente me podría ayudar en este dilema porque me asaltan dudas aunque tengo claro que el modelo actual hace aguas.

El proceso de nacionalización y estatalización más potente al que hemos asistido en Europa se dio a partir de 1945 en los países del área occidental. Dejo aparte los procesos del Este de influencia soviética porque tuvieron otro modelo de estatalización. Tras la Guerra mundial, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica y, de otra manera, Alemania federal acometieron una reconstrucción de sus economías a partir de dos ejes: por un lado, la financiación y ayuda pública a grandes sectores económicos (siderurgia, componentes de maquinaria y minería especialmente) afectados por la depresión de postguerra; y, por la otra, la creación de un sector económico público (energía, investigación, aeroespacial, etc.) capaz de encabezar la reconstrucción y arrastrar al privado. Todo ese proceso duró de una forma u otra hasta principio de la década de los 70 cuando, ya es muy sabido, se hunde el modelo industrial fordista y resurge el paradigma hayekiano del mercado como único instrumento de riqueza social y desprecio por el Estado. Ahora bien, no lo olvidemos, estos procesos de nacionalización, estatalización y de creación de servicios públicos fundamentales se dan en un contexto político histórico donde el Estado-nación es el agente único del mismo, bien es verdad que con la cobertura de instrumentos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, la OIT, etc.

Hoy estamos en un contexto globalizado. No existe ni estado nacional hegemónico –a excepción de China o Estados Unidos– ni empresas nacionalizadas –salvo, de nuevo, China. Hoy el conflicto se da en torno a gigantes económicos que a su vez son conglomerados económicos de tipo privado (Google, Microsoft, Apple, Huawei, Facebook, etc.) o instituciones políticas nacionales o supranacionales y que funcionan ya en todo el mundo como son China, EE.UU., el área del Pacífico-Japón y…Europa, la Unión europea. Por tanto, lo que ha desvelado esta crisis del coronavirus es que el modelo económico y social sobre el que estaba asentada esta globalización de principios del siglo XXI tenía pies de barro en el objetivo de garantizar la vida y salud de la gente. Queda, sin embargo, por ver cuáles serán los mecanismos, instrumentos y aparejos que se pondrán en pie para resolver el desastre que deja esta pandemia. Y nunca las viejas recetas sirvieron para los nuevos y desconocidos problemas.

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