Poder estúpido

Por Bizco Pardal.

3 de abril.

«Poder y autoridad en esta crisis» es el tema que los escribidores de este blog hemos acordado poner en limpio. Poder y autoridad, nuevamente. De ello se ha escrito largo y tendido desde, por lo menos, el segundo Ramsés. Pongo en limpio, pues, mi meditación de confinamiento, que es el resultado de un estado de duermevela. Así debió escribir Quevedo sus Sueños.

La novedad de esta crisis –lo digo para mi coleto–  es que el poder (no abstracto sino concreto) está en manos del enemigo. Es decir, del coronavirus. Ahora bien, es un poder estúpido en el sentido etimológico de la palabra, stupidus, o sea, aturdido. Lo es porque ignora que su contrincante, la ciencia, le derrotará. Cosa que, al parecer, no lo creen un tal José María Aznar y su esposa que huyeron de Madrid hacia la mar mediterránea y el rey de Tailandia que se ha refugiado en una montaña mágica alemana con sus veinte concubinas: a las penas puñalás.  

Nosotros sabemos que la Ciencia derrotará al que todavía tiene el Poder en esta crisis. Nos lo recuerda nuestro amigo Quim González i Muntadas, ingresado en el Hospital de Palamós, que cada día nos habla en Facebook, dándonos ánimos a los que estamos fuera (1). La Ciencia y los profesionales sanitarios, insiste Quim en ello, vencerán al poder ´estúpido´. Son el Contrapoder. En todo caso, así lo cree el común de los mortales, hecha la excepción de los pintorescos personajes –e incluso considerados  personalidades–  que se necesitan para confirmar la regla.

Y, siguiendo con estas consideraciones –que podrían ser consideradas oníricamente heterodoxas–  la «autoridad»  está en la Ciencia. Lo que es obligado afirmar con rotundidad en nuestro país donde todos nos creemos recetadores, arbitristas y expertos en lo que sea. Desde los tiempos de don Pedro Escartín todos nos consideramos imprescindibles e infalibles como seleccionadores de fútbol con más autoridad que Vicente del Bosque. Somos el país de los todólogos, el del maestro Liende, que de todo sabe y nada entiende. En la barra del mostrador de cada taberna española hay mucho know how de chiringuito, mucho maestro Ciruela. Es la exaltación de lo chusquero. La peculiar derecha española es la expresión más supina de todo ello. De ahí su recelo hacia la Autoridad. Y comoquiera que la Autoridad está en manos de la Ciencia (todo un contrapoder) se está produciendo un conflicto sumergido entre las derechas y los expertos que auxilian al Gobierno; el Gobierno, que gestiona la autoridad frente al poder del enemigo, o sea, el bicho.

Un conflicto porque todo avance en la derrota del poder del coronavirus es una baza que pierde la atolondrada oposición de derechas para arremeter contra el Gobierno.

Las derechas preferirían que el remedio para derrotar al bicho fueran las rogativas como en tiempos de antañazo cuando se sacaba todo el santoral en procesión. De esta manera la Ciencia no sería un contrapoder. Y frente al poder del bicho la salida estaba clara: los ricos se iban a las casas de campo a anticipar el Decamerón o, ahora, a pasear a cuerpo juncal por las calles de Marbella. 

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