Europa

Por Robert Deglané

31 de marzo. Cito a Bizco Pardal: «tal como están las cosas con tanto chillerío es más difícil, pero no imposible, resolver la papeleta europea que demostrar la conjetura de Goldbach». Efectivamente, el asunto de la dirección de ese artefacto llamado Unión Europea se ha convertido –si no lo era ya– en cuestión peliaguda. Los efectos de dirección de esta entidad a lo mejor muestran –si no era ya palpable hace años– que hay que renovar y poner al día el utillaje y seguramente la propia manera de gobernanza. Lo que hay actualmente está fallando.

El asunto, como bien advierte Bizco, saca de quicio y de madre otras cuestiones. Plantear la cuestión general UNIÓN EUROPEA –es decir, el principio general de relación y proyecto político de los países de la geografía europea– a partir de lo que está fallando en estos momentos –la cuestión sanitaria y de atención a la enfermedad– sería fracasar en el análisis general. Plantearlo, además, como un asunto entre ciudadanía basada en principios luterano-calvinistas (los del Norte) y otra nacida del principio católico (los del Sur) es equivocarse de campo de fútbol. No es verdad que los países que apuestan por una restricción del presupuesto expansivo en esta crisis (coronavirus) sean todos los de la línea luterana. Por ejemplo, Austria es país de matriz germana, proveniente de una historia tan peculiar y católica como fue el Imperio austrohúngaro, y su población se expresa como católica en un 57 por ciento. Alemania otro ejemplo, y este decisivo, para la identificación de Norte ahorrador o acreedor, se reparte su población religiosa entre católicos y protestantes. Y, curiosamente, los luteranos pueblan el norte alemán y los católicos el sur de ese estado, entre los que destaca la ortodoxa, conservadora y acreedora Baviera.

Definir hoy la cuestión de Europa a partir de la bronca del pasado sábado entre los jefes de gobierno holandés y español-italiano es convertir un aspecto concreto, particular y real, en categoría que sitúa el terreno de juego global a partir de ahora. Es cierto que existe una diferenciación de criterio a la hora de marcar la línea de actuación a partir de las políticas presupuestaria y monetaria; pero eso no es el problema global hoy de la UE. O, al menos no es el único.

Lo contrario sería meter a líneas políticas tan diferentes como, en el caso español, son el PP o Ciudadanos con PSOE, Unidas Podemas en el mismo saco (estado nacional) frente a las otras fuerzas políticas nacionales de los otros países del norte. Quiero decir que la brecha hoy en Europa no es entre colectivos nacionales-estatales (países luteranos o ahorradores frente a países católicos o derrochadores). La brecha está entre concepciones políticas con ambición de seguir construyendo la unión europea (a favor de políticas fiscales, presupuestarias y sociales comunes) y aquellas otras que prefieren seguir en un modo de coordinación de gobiernos de los estados, sin más.

Sé que es más fácil entender todo este lío a partir del concepto estatal-nacional pero este nos engaña a la hora de captar el problema general. Hay vida por debajo de los estados-nación; la vida de las sociedades en movimiento. Por eso, sí, paciencia, paciencia, no tiremos al niño con el agua sucia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s