Derecha y economía

Por Robert Deglané.

27 de marzo. La cuestión que suscita Ignacio de Mágina en su carta de hoy es apasionante. Se trata de nada más y nada menos que definir cómo es la derecha que se ha instalado en el sistema político español, cuáles son sus raíces, sus fuentes de donde bebe, los grupos sociales que alimentan su estructura partidaria, en definitiva, el hábitat social en donde han crecido esos Fernández y Hernández o esa Cayetana y sus muñecos a los que alude Ignacio. Parto de la base de que la naturaleza de nuestra derecha nacional es un tema que me apasiona, pero sobre el que solo tengo dispersas ideas y un conocimiento muy superficial. Espero que la lectura que recomiendas del libro de Gil Pecharromán me aporte algo más de luz para continuar este debate. Es libro que tengo desde hace unos meses pero al que todavía no le he metido el diente.

No vamos a irnos hasta la primera guerra carlista, aunque el sabio de Mágina estará conmigo que en ese conflicto civil del primer tercio del siglo XIX tiene algo de fuente primigenia. Podríamos hablar también de ese prolífico siglo XIX repleto de tensiones dentro del liberalismo español, capaz de sacar adelante un proyecto capitalista y a la vez inútil para construir un estado político liberal y democrático que se impusiera al proyecto conservador. Y, más cercanos ya, deberíamos hablar de ese primer tercio de siglo XX, tres décadas donde se elaboran las peores esencias de una mentalidad reaccionaria en lo político y en lo social. Tres décadas donde también la izquierda española en torno al socialismo de Pablo Iglesias muestra su incapacidad para construir un proyecto articulador de una nueva España.

Y, le damos párrafo aparte, el triunfo del franquismo en 1939, acarrea esas cuatro décadas ominosas en las que fragua aquella derecha que viniendo de los carlistas, de los alfonsinos, de Cánovas, del pensamiento de Menéndez y Pelayo, de la deriva nacionalista del noventayocho, del anticatalanismo, del antifederalismo, de la pila bautismal y consagrada de la Iglesia católica, construye un esqueleto que en los años sesenta de este siglo va a conformar el Estado técnico-político-administrativo más poderoso –no más potente culturalmente, ojo– que se haya conocido en España en toda su historia. El franquismo hizo poco por el desarrollo cultural y social de los españoles pero levantó un poderoso armazón del que todavía en parte es heredera la España actual.

Concluyendo: la actual derecha española, dice Ignacio de Mágina, ¿es ventrílocua o muñeca? ¿Tiene pensamiento propio o es simple eco de lo que otros estamentos y ámbitos le transmiten? Yo creo que en este momento la derecha política española hegemónica (Casado, Teodoro y el equipo dirigente del PP) no tiene nada de pensamiento propio, no es capaz de elaborar un proyecto conservador decente para la España de 2020. No es ni de lejos, en definitiva, la DC italiana de los años 60 o 70 del pasado siglo; pero tampoco tiene nada que ver con los equipos políticos que construyó ese mismo PP durante los mandatos de Aznar e incluso de Rajoy. Hoy es una derecha política de la señorita pepis. Da la impresión de que, desde la crisis económica de estos últimos años y la consiguiente reestructuración de los aparatos productivos y de sus relaciones entre ellos y con los del resto del mundo, se hubiera producido una cierta separación entre el pensamiento económico (es decir, los grandes empresarios y ejecutivos que hoy están dispersos por la economía española a través de las grandes sociedades) y el pensamiento político residente en el PP. Aznar (lo político) tuvo un objetivo claro: la liberalización de los grandes componentes corporativos del Estado para entregarlos al engranaje privado (lo económico). Aquello fue toda una operación de Estado (política) para privatizar buena parte del sistema productivo nacional (economía). No olvidemos de que eso ya venía desarrollándose desde la época de Boyer-Solchaga. Hoy, sin embargo, ante el estadio de la globalización económica, las grandes empresas “españolas” se han hecho globales y no entienden ese discurso nacionalista y españolista del PP. De ahí que Casado y Teodoro vayan por un lado y Botín (Santander), Álvarez-Pallete (Telefónica) o Isla (Inditex) vayan si no por otro lado sí por lados distintos al del equipo de la calle Génova.

Me paro aquí: el asunto es apasionante pero tiene muchos vericuetos y esquinas que habrá que seguir tratando. Me voy a leer Gil Pecharromán.

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