Ras i curt

Por Ignacio de Mágina

25 de marzo. Desde hace tiempo, en particular en la Catalunya afectada por lo que denomino el “estrés identitario”, se viene hablando de España como un “Estado fallido” o bien como evanescencia del Estado-nación, cosa anacrónica y decimonónica. Se expresa una insistencia en el “Estado fallido” por parte del nacional-populismo a ratos libertario y a ratos autoritario, pero siempre producto del libertarismo liberal de los cachorros post-contra-convergentes. Esta insistencia provoca sonrojo en algunos, ira en otros, en mi caso provoca sonrojo y asombro: ¿cómo puede ser que un “Estado fallido” haya hecho frente al embate secesionista provocándole como mínimo un corte en su progresión? Me recuerda un debate entre militantes púberes, en la misma medida que sectarios y miopes, que defendíamos no la pobreza moral de la dictadura franquista, sino la completa estupidez del Régimen, su dictador y sus autoridades… Unas cervezas y su acompañamiento correspondiente de humo y grifa, todos contentos y para casa… Hasta que un día un militante con experiencia en el tajo, de menos verborrea y ninguna diarrea mental, nos frenó en seco: pues si el dictador era tan tonto ¿qué me dices de sus opositores que no consiguieron tumbarlo? Ras i curt, si estamos ante un “estado fallido” ¿qué me dices del fallido “Procés”?  Ras i curt

En cuanto al augurio de la desaparición definitiva del Estado-nación viene siendo como las crisis, pongamos por caso, del teatro o del sindicalismo, ambos en el tran tran parecen por momentos enfermos con una mala salud de hierro. Dos o tres días antes del fatídico sábado 14 de marzo, cuando el Gobierno decretó el Estado de Alarma, es decir el Gobierno del Estado y no hay que olvidarlo, porque nadie más que él y después el Parlamento pueden tomar esta decisión… Bien, en aquellos días participé en una sesión organizada por CCOO de Catalunya en la que Francesc-Marc Álvaro presentaba su último libro “Assaig general d’una revolta: les claus del procés català”, otra contribución sobre este asunto, con pasajes interesantes… Por cierto: de existir, el “contraprocés” está huérfano de contribuciones… Pero vamos a lo que me interesa ahora. Lo que rescato de aquella sesión con numeroso público sindical es que en el debate posterior FMA defendió lo siguiente: la idea del fin del Estado tal como lo hemos conocido era una idea con poca realidad, solamente cabría echar la mirada hacia atrás y ver cómo desde los años ochenta del pasado siglo XX no han dejado de proliferar la creación de nuevos estados -una parte de estos por supuesto, producto de la implosión soviética. Pero además, FMA también situó una cuestión a tener en cuenta: si el Estado estuviera desapareciendo o en vías desaparecer ¿por qué continúan persistiendo reivindicaciones de creación estatal? Léase Escocia, Quebec o la misma Cataluña en esta parte del mundo. Y añado yo, si el Estado está muerto como dicen algunos analistas es un muerto muy vivo, es decir, un zombi por asimilarlo a una fantasía tan propia de nuestras sociedades de unos años a esta parte. Ras i curt.

Nos dice Robert Deglané: “Aquí tenemos el asunto del día: el orden. Un orden que desaparece y otro que todavía no acaba de aparecer. ¿Es este el momento en el que estamos? Sí y No”. Y estando de acuerdo, diría no y sí… No lo digo por ser un pejigueras, que seguro que no lo descartáis, sino porque me parece que no se trata tanto del cambio, sí o no, de un orden viejo a uno nuevo; más bien lo interpreto en clave de un tránsito de un tipo de forma estatal vieja a una nueva. Visto así, en el centro del asunto está la disputa por la gobernanza, el desplazamiento y las presiones del mercado sobre el Estado, a menudo a través de formas antiestatales, pero a menudo también paraestatales o simples rémoras pegadas al lomo estatal que acarician atesorar las funciones del Estado. Y esto me lleva a la controversia entre lo “estatal” y lo público” que, sinceramente, me parece tal como plantea José Luis que es estéril. Sí, la alcaldesa Colau quiso nadar y guardar la ropa es su decisión, pero detrás no hay nada más que una fantasía cuando no una distorsión y/o una simpleza de la compleja relación entre el Estado y la “sociedad civil” –claro: ¡no va a ser la “sociedad militar”! diría el amigo José Babiano. La llamada “sociedad civil”, a veces presentada como salvífica y beata, un bloque homogéneo y cohesionado, no nada en la “libertad” fuera del Estado, de la misma forma que el Estado no puede prescindir de una sociedad y sus “necesidades” para actuar, si no dispone de ella es una simple entelequia estatal. Tenemos ejemplos recientes de esto. Las versiones importadas que ofreció hace ya unos años Víctor Pérez Díaz -¿dónde está hoy este hombre?- han creado fantasías animadas de ayer y de hoy. Y aquellos recitadores a horas de Gramsci se han quedado con ellas. Ras i curt.

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