Niveladores

Por Ignacio de Mágina

24 de marzo. Bien poco puedo aportar sobre la métrica de La Internacional y la traducción de su letra al castellano que, como sugiere Bizco, parece dar por hecho algo que en su fuente original es un proyecto. Se me ocurre como hipótesis que cada país tiene el socialismo que necesita, axioma que explica algo y no explica nada porque ofrece una respuesta circular al asunto: ¿qué socialismo necesita cada país? Lo cierto es que si la letra de la composición internacionalista tuvo una traducción libre en exceso o despegada del sentido original: ¿qué cabría decir sobre la traducción de El Manifiesto? El Manifiesto Comunista, claro. La película “El joven Marx” del director Raoul Peck, aunque contengan algún anacronismo y fecha equivocada, dedica unas escenas evocadoras y brillantes sobre cómo dos jóvenes barbudos revolucionarios lo redactaron. Sobre este asunto quien me puso sobre la pista fue el amigo Mota, que desde hace años atesora una colección de este noble panfleto en casi un centenar de idiomas. En una exposición, organizada en 2018, con motivo del centenario de la publicación del encargo que recibieron Marx y Engels de la Liga de los Justos, Mota ofrecía algunas referencias realmente interesantes. Nos explicaba con erudición las tribulaciones por las que pasaron las traducciones de su texto original en inglés, después de su traducción al alemán casi simultánea, y nos ilustraba de cómo, más tarde, la primera traducción parcial al castellano se hizo a partir de un texto en francés que era, a su vez, una traducción del inglés! En definitiva, no sé si el interrogante que plantea Pardal responde a la traición del traductor o bien al “voluntarismo revolucionario”, pero cabría plantearse el efecto que pudo tener en este asunto el fenómeno llamado “teléfono roto”, aquel que en los juegos infantiles recuerdo que nos hacía pasar buenos ratos con los disparates que nos ofrecía el último participante de una larga fila de emisores que pasaban de boca a oreja mensajes igual de disparatados.

En todo caso, vuestras epístolas de ayer dejaron en el aire los “misterios” de los asuntos económicos… Aunque Pardal por otro canal dio una respuesta contundente sobre dónde estaba y está el dinero que ahora aparece como el chorro de una fuente. Me tomo las referencias cinematográficas a las que hacéis referencia tanto uno como el otro (El gatopardo de Visconti y Matrimonio a la italiana de Vittorio De Sica) como una respuesta elíptica al asunto, y con eso me conformo. El presente está lleno de pasado, podría decirse, desde el momento en que para reflexionar y tratar de comprender el signo del primero, echáis/echamos necesariamente mano del significado del segundo.

Por eso no quisiera terminar este ejercicio de hoy, en el décimo día de confinamiento, sin ofrecer la referencia de una relectura que ha ocupado parte de mi tiempo durante estos días. Se trata de la obra del historiador norteamericano, especialista en Historia Antigua, Walter Scheidel titulada “El gran nivelador. Violencia e historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra hasta el siglo XXI”, publicado en 2018 por Crítica en su colección Serie Mayor. Esta es una obra de gran ambición, en la que Scheidel aborda lo que denomina “Una desigualdad peligrosa y cada vez mayor”, ofreciéndonos un repaso contrastado sobre las formas de ruptura violenta que históricamente han reducido de manera consistente la desigualdad material: guerra con movilización masiva, revolución transformadora, fracaso del Estado y pandemia letal. A todas estas modalidades el autor las agrupa bajo el rótulo “Los cuatro jinetes de la equiparación”. Estas violencias contribuyeron en el pasado a la reducción de la desigualdad material, pero el precio fue enorme y afectó principalmente a las clases más desfavorecidas. Me parece una lectura recomendable en medio de la actual pandemia letal que, desde mi punto de vista, comienza a percibirse como la “guerra” que nos ha tocado vivir a unas generaciones que nunca hemos experimentado ni una guerra ni una pandemia. Sin embargo, a pesar de la extendida apelación a la imagen de guerra (Macron dixit), no nos convendría confundir lo que es una y es otra. La Historia no lo hace.

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