Mecano

Por Ignacio de Mágina

22 de marzo. Ayer me comentaba el Bizco por teléfono que en mis ejercicios de redacción sobresalía un tono un tanto trascendente y, releídos esta mañana, es posible que tenga razón. ¡“Trascendente” y no “trascendental”! como nos insistía nuestro profesor de filosofía en secundaria, Miguel. Insistía en ello cuando nos explicaba y hacía esfuerzos meritorios para que un grupo de adolescentes garrulos, con las hormonas rebosantes y disparadas en todas las direcciones, atendiera sus explicaciones. A Miguel o Miki, que hoy es la única persona con la que comparto 40 años de amistad, tratábamos de provocarlo a primera hora de clase, hacia las 8 de la mañana, haciendo correr un mai (“fúmate un mai i céntrate tronco” era una frase que se repetía como un mantra entre jóvenes que queríamos hacernos adultos con rapidez, algunos por desgracia con excesiva rapidez…). Recuerdo la reacción del profesor como un ejemplo de saber bregar con aquellos estudiantes de barrio golpeado entonces por una dura crisis, la de principios de los años ochenta: con naturalidad, el profe pedía que corriera el canuto y se socializara entre aquellos dispuestos a “ponerse guapos”, mientras discutíamos no sé exactamente qué y cómo sobre las grandes figuras del pensamiento occidental con nombres extraños como Immanuel, un tal Kant, otro de tres nombres impronunciables y de apellido Hegel, uno que tenía un buen puñado de vocales que había que memorizar con esfuerzo Kierkegaard, Søren y también un tal Karl Marx que nos dejó embobados con la lucha de clases …). El profesor en algún momento se paraba y tarareaba aquella canción de la época que decía “Hoy no me puedo levantar… El fin de semana me dejó fataaaal…”. Era el tema de un grupo de música inclasificable que se llamaba Mecano, inclasificable porque lo que hacían era todo menos música… En fin, no estoy seguro que todo fuera tal como lo explico, porque como bien precisa Javier Aristu la distinción entre memoria e imaginación no está clara. Tal vez, pasado un tiempo, dejada atrás esta crisis tampoco sepamos distinguir una de otra… ¡Ya está! La trascendencia se vuelve a colar…

Volvamos a la cotidianidad. Este era el propósito que nos planteamos cuando decidimos escribirnos cada día en una conversación triangular, sin ningún fin más que tener noticias unos de otros y ejercitarnos en un género en desuso como el epistolar… (Me carteo, luego existo)… Esta mañana a una hora muy temprana, pensando que así esquivaba riesgos de contagio o de cruzarme con algún vecino, he hecho una tentativa para tirar la basura acumulada. Ha sido un intento fallido, antes de salir a la calle el ruido del camión de la basura y los trabajadores que mueven los restos acumulados me han puesto en sobre aviso. Los he observado por la ventana y he visto los gestos enérgicos con que lanzan al camión lo acumulado en los contenedores, los rápidos movimientos con que actúan, las ropas con marcas fluorescentes, los guantes con que se manejan entre el millones de bacterias diversas…, pero no he visto mascarillas, no he visto aparentemente protección alguna, aunque no descarto que tengan que cumplir con medidas exigentes para protegerse del maldito virus. He pensado en la importancia que tiene una actividad diaria como la de estos trabajadores, que no les ha llevado más de 5-8 minutos en este punto de mi barrio, algo que es obvio pero que no está de más recordar. He pensado en ellos como otro más de los bypass que sostienen hoy a una sociedad infartada por la crisis sanitaria, por las crisis encadenadas que estamos viviendo y vamos a vivir en esta especie de “trinchera infinita” con la que hemos tropezado entre inconscientes y atónitos. ¡Ahí está! Otra vez la jodida trascendencia… No sé si se ha convertido en un vicio o en una defensa… Pero prometo disciplina social de cara a mañana, lo primero es pasar el día de hoy confinado.

Cada contagiado con el coronavirus puede transmitirlo a tres personas, según los cálculos de los virólogos. Hoy, cuando es el “Día de la Madre” en el Reino Unido, el primer ministro británico Boris Johnson ha dirigido una carta a la nación pidiendo a los ciudadanos que no visiten a las madres… Una nueva rectificando del mesías del Brexit, personaje errático y estrambótico donde los haya. El golpe en la boca que han representado las cifras de 233 muertos y 5.000 casos de contagios detectados le ha hecho caer del burro. Ahora ordena nuevas medidas de distanciamiento social. espido de la jodida trascendencia, que no trascendentalidad.

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