Un tal Stefan

Por Robert Deglané

21 de marzo. Va una cita: «…a menudo me sucede lo siguiente: cuando pronuncio de una tirada «mi vida», maquinalmente me pregunto: «¿Cuál de ellas?» ¿La de antes de la guerra? ¿De la primera guerra o de la segunda? ¿O la vida de hoy?». El citado es Stefan Zweig y la referencia la tomo prestada de su conocidísimo último libro El mundo de ayer, que seguramente habéis leído los dos. Yo lo hice hace varios años pero lo he vuelto a leer hace solo seis meses a propósito de una charla que tuve que dar sobre el mundo de la comunicación en Internet. A ellos, a Zweig y a su libro recurrí a propósito del tema de la memoria y de las transformaciones que se producen en el mundo a partir de acontecimientos puntuales o más prolongados. Nos cuenta el autor austriaco en su prólogo que el libro lo tenía que escribir en la habitación de un hotel de Brasil, apartado de todo lo que había sido su mundo cultural, lingüístico, social, sin biblioteca personal ni pública a la que recurrir para contrastar una fecha, un dato, un hecho, sin ninguna ayuda ni recurso documental… Solo su memoria, aquello que residía en su propio cerebro, dentro de su propia cabeza, podía ser la base sobre la cual construir ese proyecto de contar la vida de los europeos antes de la guerra y del nazismo.

Alude Javi el de Cornellà en su carta de hoy sobre la enseñanza online y la poca aceptación que al parecer tiene esta modalidad entre la comunidad universitaria en estos días de alarma. La enseñanza a distancia seguramente será indispensable en el futuro. Tenemos muy buenas experiencias en la UNED española y en su modelo de la Open University británica. Estas universidades en línea han hecho posible sin duda la extensión y democratización de la enseñanza universitaria entre capas sociales con dificultades de acceder al centro presencial. Conozco en mi entorno y en mi propia familia a muchas personas que hoy día son abogados, profesores, sociólogos, psicólogos, etc., porque la UNED les facilitó el estudio en casa y fuera del horario de trabajo.

Pero la enseñanza a distancia nunca podrá sustituir, creo, a la enseñanza presencial, a ese instante en que un grupo de alumnos, juntos en el mismo espacio físico, escuchan al profesor y construyen entre ambas partes –docente y discente– una experiencia única como es la del aprender. Es evidente que todo ello se producirá si ambas partes colaboran y no se queda ese momento en una retahíla de discurso unilateral del profesor y copia escrita del histórico apunte. [por cierto, y hablando de apuntes, hablo también la importancia de estas “notas de clase” cuando recuerdo que las Lezioni sull fascismo impartidas por Togliatti en Moscú en 1935 nos han llegado porque uno de aquellos alumnos tuvo la magnífica idea de conservarlas consigo].

Y vuelvo a donde empecé, a la memoria de las cosas y sucesos. En una clase presencial, seguramente la memoria de la transmisión será más eficaz que la virtual. Una clase tras una pantalla de ordenador no será igual que en un aula de un edificio, junto a otros compañeros, oyendo en vivo a un buen profesor que te transmite pasión e ilusión por lo desconocido.

Nuestra memoria es lo único de estos días que nos quedará a cada uno de nosotros y que, si llegamos al final, podremos transmitir a nuestros descendientes. Saldrán miles de estudios, de libros, de películas sobre estos días, pero lo único consistente y que nos debe interesar sobre todas las cosas es la capacidad que tengamos de transmitir a los que vienen detrás de nosotros una mínima lección de este mundo de hoy que ya ha comenzado a ser el mundo de ayer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s